Concretamente en este La Conquista la oferta jugable se divide en dos partes bien claras, por un lado la campaña individual, y por otro las modalidades competitivas de su multijugador. El modo historia será precisamente con el que empezaremos este análisis, y es que a pesar de la orientación eminentemente on-line del videojuego esta vertiente también ha recibido una gran atención por parte de Pandemic Studios.
El título ofrece dos campañas: la del Bien y la del Mal, y cada una de ellas consta de ocho niveles. La segunda, la más divertida, debe ser desbloqueada superando la primera, aunque las dos tienen unas bases y premisas muy similares, quedando reducidos los cambios principalmente al aspecto de los personajes y al argumento en general. La de Sauron, concretamente, nos lleva a un contexto muy diferente al de la obra literaria, en el que Frodo y su Comunidad del Anillo fracasan en su intento de destruir la preciada joya.
¿Qué es lo que ha fallado para que no encontremos un título de bandera? Básicamente los aspectos jugables, que si bien son correctos e incluso podrán resultar satisfactorios para muchos usuarios, son demasiado planos y repetitivos, diluyéndose la fascinante propuesta en un espectáculo de fuegos artificiales que puede resultar demasiado monocromático a medio plazo.
En el momento en que una compañía plantea un videojuego con una campaña individual y un multijugador centrados en las batallas masivas de corte eminentemente cuerpo a cuerpo, tiene que asegurarse de que el combate es satisfactorio, profundo y que ofrece suficientes alternativas como para no aburrir al usuario durante un largo período de tiempo. Sin embargo ese es precisamente el problema de Conquest, un título que dependía primordialmente de este aspecto para trascender y convertirse en una joya imprescindible, y no quedar en un juego interesante, lo que ha resultado finalmente.
No obstante quien disfrute del caos está de enhorabuena, pues en el título que nos ocupa lo hay a raudales. Las batallas a menudo acaban convirtiéndose en una mera carrera para ver quién asesta el golpe inicial a su enemigo, pues en La Conquista quien golpea primero lo hace dos veces. El juego prima de este modo el machaque de botones más descerebrado y frenético, en lugar de inclinarse por opciones que podían haber dotado al programa de una mayor variedad en este sentido.
Si que hay, en el ámbito de la diversidad, algunas alternativas entre las que optar. Por ejemplo contamos con cuatro clases de personaje: Guerrero, arquero, espía y mago, aunque todos ellos acaban estando cortados por el mismo patrón en términos de control y manejo. Por lo tanto las diferencias son las obvias y no pasan de ahí, así el mago está especializado en ataques a distancia con hechizos, el guerrero es brutal en el cuerpo a cuerpo, el arquero es vulnerable a distancias cortas pero letal en las largas y, por último, el espía está especializado en los rápidos zarpazos, gracias a una técnica que le permite pasar desapercibido en el campo de batalla hasta el momento en el que ataca.
El frenetismo y el desorden están fomentados todavía más por la presencia de una barra de energía especial que se recarga acabando con los enemigos. Lo que libera este pequeño interfaz es la posibilidad de realizar ataques especiales que la van consumiendo, aunque éstos se realizan de manera prácticamente idéntica a los normales con la sensación de tedio y monotonía que todo ello conlleva.
Sólo en parte puesto que las batallas en el videojuego no son únicamente protagonizadas por los 16 jugadores humanos a los que da soporte el título, y es que el resto de soldados que vemos en pantalla los dirige la inteligencia artificial. Los rivales controlados por “la máquina” tienen auténtica fijación por los jugadores, y aunque otros soldados virtuales sean una amenaza mayor para ellos que nosotros siempre fijarán su blanco en nuestros personajes. Los aliados también hacen gala de abundantes comportamientos absurdos, y sus decisiones a la hora de escoger rutas u oponentes a los que enfrentarse siempre son discutibles.
En cuanto al funcionamiento de todo este apartado a nivel on-line no hemos experimentado ningún problema de lag ni en el cooperativo para dos jugadores –también disponible a pantalla dividida en una misma consola-, ni en las masivas batallas para hasta 16 usuarios. Un punto a favor de La Conquista.
Los efectos a nivel visual son también anacrónicos, y algunos efectos como el fuego o el humo crean extrañas secuelas sobre los elementos a los que circundan. Podríamos llenar párrafos y párrafos sobre elementos visuales que nos han resultado decepcionantes, pero ciertamente sería un esfuerzo estéril. Baste decir que, sin ser merecedora de un suspenso, se trata de una faceta que no está a la altura de lo que se puede esperar de un título Next-Gen de estas pretensiones.
NOTA FINAL: 7,0
Escrito por Altaïr.